Todos los martes, boto la pereza y la tristeza de mi vida, porque es un día especial, ese día yo tengo que llevar sonrisas y alegrías a quien le hace falta.
Hace unos meses decidí trabajar como voluntaria en el Hospital La mascota, y esta es una experiencia que me ha cambiado la vida.
Nunca he sido buena viendo el sufrimiento de las personas, menos cuando esa persona es un niño, pero ahí es diferente, pues todos esos niños a los que he visto, trabajado y conversado por estos meses, que se me han hecho cortos, les debo mucho, pues me han enseñado a valorar lo que tengo. (Salud y bienestar económico).
Cuando salgo del hospital me doy cuenta que no son ellos los que me necesitan a mi, sino todo lo contrario, yo los necesito a ellos, pues me enseñan lo valiosa que es la vida y lo importante que es luchar por ella...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario